Junto a un nuevo Sol, su alma se dividió; era como si de verdad pasara, veía el espejo y lo encontraba vacío, por más intentos de divisar algo mejor -al menos su propio reflejo- caminó hacia la almohada, recostó su cabeza cual astronauta pisando la Luna, cerró los ojos y comenzó a soñar.
Estaba en un auto y después en un mar que luego era de cerezas recien cortadas, de esas que brillan en fotografías de arte moderno; era el corazón de una "jóven" estrella. Tan jóven como el volcán más viejo de este planeta bebé.
La estrella se movió bruscamente, estaba en la inmesidad que jamás imaginó; ¿cómo iba a imaginársela si era inmensa?
